lunes, 12 de mayo de 2014

Mor

"Decías que el amar era como si el cuerpo explotase y pudiésemos ser infinitos. Decías que al amar las personas se convertían en planetas. Y que al amar ya no existían límites fronterizos. Y que dos personas podían mezclarse de una forma tan profunda, que jamás podrían las palabras hablar sobre ello. Y que hacer el amor… que hacer el amor era desatar la guerra más grande contra la tristeza. Y que los orgasmos eran gritos de victoria. Y el mundo dormía mejor sabiendo que en alguna parte dos se amaban tanto como para quedarse a dormir toda la vida. Decías toda esa mierda que me hacía cerrar los ojos. Me hacía volar. Cuando decías todo eso yo me convertía en un pájaro que recorría el mundo pensando “¿Quién coño se atreve a pararme ahora?”. Era invencible, como debe de sentirse el viento destrozando paraguas por la calle, cuando llueve tanto que la gente se encoge. Y me sentí así hasta que llego la calma. La calma entre dos cuerpos. La distancia. El silencio. La mitad de una cama fría interpretando tu ausencia. Éramos dos contra un montón de kilómetros y deseos de poder abrazarnos de nuevo. Y nos quisimos, pese a todo."

692. 692 razones para maldecir mi suerte. Un poco más cerca. Algunas razones menos y movería lo inamovible para estar bajo el mismo techo. Despertar como mejor se nos daba: acariciarte la cara, sonreírte, “buenos días” y mil besos sin final alguno. Decidimos que no nos gustaban los finales, se me daba mejor ir dando vueltas hasta tu espalda y quedarme a dormir contigo.

Eres como levantarse un día, y sin saber cómo, no poder estar triste. Tú eres, en definitiva, todas esas ganas que no recordaba haber tenido en mi vida, y que ahora vuelven al compás de tus caderas, subiendo por la calle que lleva a mi casa, donde yo te espero preguntándome “¿Cómo coño pude tener tanta suerte?”.

Hoy, esas 692 razones se me volvieron a echar encima. Pero es diferente. Esta vez puedo echar de menos algo que fue real y podría seguir siéndolo si no hubiera mar de por medio.

Te quiero, y no se me ocurre ninguna excusa. No necesito encontrarla.


-AP