lunes, 20 de octubre de 2014

Gracias

Una noche más en mi rincón personal. Pero esta vez no serán buenas nuevas, ni buenos días, ni noches, ni palabras rosa pastel lo que aparecerá aquí, y yo siempre he sido una fanática y fiel seguidora de los dramas. Pero nunca me imaginé que dolería tanto, y es que dicen que cuanto más alto subas, más grande será la caída.


Estaba pletórica, entusiasmada, enamorada; feliz. Creía que era intocable (emocionalmente hablando) y que lo iba a seguir siendo durante mucho tiempo. 
Sorpresas, planes; sueños. Tenía tantas cosas pendientes concentradas en un nombre y apellidos y tantísimo tiempo por delante que me olvidé de los números del calendario y del tic-tac del reloj del salón.


Murphy me ha dado unas palmaditas en la espalda y me ha hecho recordar que todo tiene su punto débil, y ha sido entonces cuando todo ha empezado a tambalearse. Todo se ha desplomado, desecho y roto; mi caída ha sido estrepitosamente dolorosa y es mi corazón el que está escribiendo desde el primer renglón de este rinconcito hasta el último punto y final, y es que tengo una fina y salada tela en los ojos desde hace dos horas que me impiden distinguir las palabras y que me acompañará durante bastante tiempo. Pero si algo tengo claro y nítido como el agua que empapa mis mejillas es que «nunca deseé tanto que nadie me encontrase», y por ello no puedo nada más que desearte lo mejor para ti, que la vida te sonría lo mismo que tú me has hecho sonreír a mí. Gracias por tanto en tan poco tiempo. No puedo arrepentirme de nada, porque nada me hará olvidar estos últimos meses. Así que espero que te enamores de la forma de escribir de otra persona que no te quiera menos porque sea lunes, yo nunca dejé de hacerlo.

Te quiero, mor. 





lunes, 6 de octubre de 2014

7 vidas tiene un actor

Siempre se ha conocido aquello de que los gatos tienen la suerte de disfrutar no solo de una vida, si no de seis más. Cualquier mortal podría envidiar la fortuna de estos felinos, tener otras seis oportunidades para enmendar aquellos errores que se cometen a lo largo de los años, seis nuevas experiencias, seis puertas abiertas para conocer lo desconocido y descubrir un abanico de posibilidades para ser quien quieras ser. Hace unos meses me convertí en uno de ellos, un viajero de las tablas, un aprendiz de los guiones, un abanico de posibilidades. Y entonces dejé de envidiar a los gatos para conocer un poquito más a los actores, pero más concretamente al mundo del teatro.

Sábado, 16:00h: ensayo. Sales de casa siendo tú mismo, con tus problemas, tus vicios, debilidades, sueños y prejuicios. Subes al escenario y te conviertes en la mejor amiga de una mujer joven portadora de la libertad, vestida de un color burdeos que va directa a la muerte. Bajas del escenario, y la próxima vez que vuelvas a subir a las tablas serás la madre de cinco hijas, vestida de negro hasta los pies y lidiando con la repentina muerte de tu hija menor, la cual ha fallecido virgen.

Hay personas que prefieren la música para evadirse de sus tormentos, otra gente lo hace a través de la pintura. Yo recomiendo subirse a las tablas al menos una vez en la vida, los nervios entre bastidores, la emoción ante los focos y la gratitud y satisfacción después de la función.


Así pues, después de todo, ¿por qué conformarse con vivir una sola vida? Puedes ser quien quieras ser, desde una de las hijas de Bernarda, hasta una novicia amiga de la libertad en persona: Mariana Pineda. Sube a las tablas y experimenta una nueva realidad. No solo los gatos pueden vivir más de una vida. Sube el telón las veces que quieras, y si la vida te cambia el guion… corrígele los acentos.




"La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso canta, ríe, llora, vive intensamente..." 
-C.C.


G.I.T Aceña, gracias por enseñarme a vivir más de una vida. 


jueves, 2 de octubre de 2014

Sigo teniendo los ojos llenos de ganas de verte


Las hojas de papel te conocen cada noche más. Las sábanas también lo hacen, o llevan haciéndolo desde que agua salada las empapaba hasta que me quedaba dormida. Cada noche me gusta imaginar que en cualquier momento apareces por la puerta con la mejor de tus sonrisas y los brazos abiertos. Corro allí donde siempre he tenido refugio y  todas las lágrimas que mis sábanas han retenido, me las devuelven y escapan sin previo aviso alguno, como un boomerang. Pero no te dejes engañar, no es tristeza lo que muestran, sino alivio.



También me gusta fantasear con nuestros viajes. ¿Roma? Piénsalo. Que sus calles sean testigos de todo esto. Esas calles llenas de historia, arte y pasión. Quedarnos mirando durante horas la Fontana Di Trevi, la plaza de San Pedro, el Coliseo, el foro romano y el Palatino, desde el barrio del Trastévere hasta la Piazza Navona, pasando por el templo del Gesú, la plaza Venezia, el mercado de Trajano… ¡siempre que sea contigo!


 Cierra los ojos. Ábrelos despacio y dime qué ves. Porque lo único que puedo ver yo son ganas. Sigo teniendo los ojos llenos de ganas de verte.