lunes, 17 de abril de 2017

A los componentes de la banda de San Juan:

«El que prescinde de un amigo es como el que prescinde de su propia vida» —Sófocles.

Tengo que hacerlo, y hoy que tengo el cuerpo la mente más serena, no quería desaprovechar la oportunidad de dejar un pedacito de mí aquí, para vosotros. Un pedacito que tenía que haberme armado de valor y soltarlo el sábado después de esa sorpresa tan bonita que hicisteis, pero siempre se me ha dado mejor escribir que hablar, así que aquí va.

En realidad no sé cuántos años exactos llevo con vosotros, tampoco me es demasiado importante, nunca medí la felicidad en tiempo, sino en momentos, y no tenéis idea de la calidad y la cantidad de momentos que me habéis regalado (y estáis regalando). Los ensayos no eran un ‘deber’, sino más bien eran como una vía de escape, algo que sabía que me aportaba mucho más de lo que yo pensaba, ¿y la compañía? La compañía era, es y seguirá siendo envidiable.

Por más que quiera plasmar todo lo que tengo acumulado en la cabeza y corazón en este rincón personal, no os haría justicia. Sois un grupo estupendo, sano (metafóricamente hablando, lo siento), con sentido del humor, humildad y simpatía desde la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies, y hacéis que cada momento con vosotros cuente y que las mentes nubladas se vuelvan un poco más claras. Y lo mejor es que lo hacéis sin daros apenas cuenta, recordad cada sonrisa que habéis arrancado… puede que penséis que no tiene importancia, que lo hacíais sin esfuerzo y, a veces, hasta sin daros cuenta. A mí me hacíais un mundo.

No puedo por más que quiera dejar de daros las gracias. Gracias por lo que me habéis aportado. Gracias por lo que me habéis ayudado. Gracias por lo que me habéis aconsejado. Gracias por ser la vía de escape, el deber, la compañía y el amigo más imprescindible y bonito que puedo tener.
No sé dónde estaré el año que viene, pero cada día se me hace más difícil la idea de estar un poquito más lejos de vosotros, así que como dijo Almudena: no toméis esto como un ‘adiós’, sino como un ‘hasta pronto’.

Y como dijo Sófocles…

No podría prescindir de vosotros, porque estaría prescindiendo de mi propia vida.
Os quiero.


—María (la mayor, olo olo olo… 😉)