Me prometí que nunca volvería pasar y, en cambio, aquí estoy.
Me prometí que nunca
volverías a pasar y, en cambio, allí estás.
¿Promesas a mí? Para qué… Me
han embriagado tantas noches que debería ser inmune a la resaca consiguiente.
Cayeron sobre los recuerdos
hojas de mil otoños y temblé. Muerta de miedo sacudí cualquier resto de miradas
impasibles, pero aquí estoy, volví.
Oye, déjame decirte, déjame
contarte, déjame explicarte que hay una puerta entreabierta. Si por mí fuera
estaría más que abierta con un “bienvenido” bordado con medias sonrisas. No la
sujetes, o la cierras o la abres. La brisa que asomaría, aunque fresca, sería algo
pesada. No quiero ninguna decepción a las espaldas, a lo largo del camino he
conseguido librarme de mis peores pesadillas, esas en las que aún no aparecías.
¿Y ahora qué? ¿Vuelta a
empezar? Me prometí que nunca volvería a pasar…
En algún rincón del sur, no
es que volviera, es que nunca me fui del todo.