miércoles, 24 de diciembre de 2014

Dos mil catorce

Siempre fui muy poco supersticiosa, o demasiado, según se mire. El 13 me llamaba la atención, hice caso omiso a las supersticiones y salió todo bien. Pero tenía miedo de este. Y puedo asegurar que ha sido un 2014 fantástico. Con sus más y sus menos. Pero realmente especial.

2014 fue el año de las amistades, de construir sobre una base sólida una bonita amistad con gente maravillosa. Gente que ha sido un pilar fundamental cuando los ladrillos tambaleaban y el edificio de mi vida amenazaba con venirse abajo. Gente que se ha convertido en las sonrisas de cada día. "¡Ay, pero bueno!" Gracias.

2014 fue el año de la cultura, del arte, del carnaval rococó y representación lorquiana: del teatro, amores de mis entrañas, del teatro. Todo ello con un equipo envidiable. “Mataron al ruiseñor porque quería cantar. Ay, Federico García…: hoy Aceña será tu voz, y este pueblo tu compañía”. Gracias.

2014 fue el año del amor. “Maldita ella mil veces que lo pudo tener”. Conocí lo que solo había leído en los libros y había visto en las películas: esa idealización del sentimiento más osado y más ansiado por todo mortal. Y aunque vino la tormenta al poco tiempo de empezar a saborear el pecado de sus labios, después de esa tempestad vino la calma. “Ojalá te enamores de la forma de escribir de otra persona que no te quiero menos porque sea lunes, yo nunca dejé de hacerlo”. Gracias.

Pero sobre todo, 2014 ha sido un año familiar. Aunque tengo la inmensa dicha de no estar escasa de este tipo de amor. Ellos sí que son un regalo. El mayor de todos. Gracias.


GRACIAS a todas las personas que han hecho de estos 365 días algo increíble, diferente.
Feliz Navidad y próspero año 2015 a todos. ¡Y recordad!... No crezcáis nunca.



“Sonrisa, constancia y fuerza harán imperio”