Siempre fui muy
poco supersticiosa, o demasiado, según se mire. El 13 me llamaba la atención,
hice caso omiso a las supersticiones y salió todo bien. Pero tenía miedo de
este. Y puedo asegurar que ha sido un 2014 fantástico. Con sus más y sus menos.
Pero realmente especial.
2014 fue el año
de las amistades, de construir sobre una base sólida una bonita amistad con
gente maravillosa. Gente que ha sido un pilar fundamental cuando los ladrillos
tambaleaban y el edificio de mi vida amenazaba con venirse abajo. Gente que se
ha convertido en las sonrisas de cada día. "¡Ay, pero bueno!" Gracias.
2014 fue el año
de la cultura, del arte, del carnaval rococó y representación lorquiana: del
teatro, amores de mis entrañas, del teatro. Todo ello con un equipo envidiable.
“Mataron al ruiseñor porque quería cantar. Ay, Federico García…: hoy Aceña será
tu voz, y este pueblo tu compañía”. Gracias.
2014 fue el año
del amor. “Maldita ella mil veces que lo pudo tener”. Conocí lo que solo había
leído en los libros y había visto en las películas: esa idealización del
sentimiento más osado y más ansiado por todo mortal. Y aunque vino la tormenta
al poco tiempo de empezar a saborear el pecado de sus labios, después de esa tempestad
vino la calma. “Ojalá te enamores de la forma de escribir de otra persona que
no te quiero menos porque sea lunes, yo nunca dejé de hacerlo”. Gracias.
Pero sobre todo,
2014 ha sido un año familiar. Aunque tengo la inmensa dicha de no estar escasa
de este tipo de amor. Ellos sí que son un regalo. El mayor de todos. Gracias.
GRACIAS a todas
las personas que han hecho de estos 365 días algo increíble, diferente.
Feliz Navidad y
próspero año 2015 a todos. ¡Y recordad!... No crezcáis nunca.
“Sonrisa,
constancia y fuerza harán imperio”

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