Cualquier noche
de cualquier sábado tras cualquier fiesta. “¿Ya te vas?”, “¿vuelves sola a
casa?”, “¿quieres que te acompañe?”… “No, da igual”. Despídete, coge el abrigo,
el bolso y a la calle. Si el abrigo tiene capucha, póntela. Deja los
auriculares en el bolso, súbete la bufanda, agacha la cabeza, acelera el paso,
las llaves en el bolsillo izquierdo, el móvil en el derecho. Silbidos en las
calles, “piropos” en las fiestas, roces en los bares,… Si quieres llamarme: por
mi nombre. Si quieres conocerme: acércate y háblame bien. Si quieres pasar: un “perdona”
y las manos por encima de la cintura. Si decido irme a casa sola no es por
valentía; no quiero que llegue el día en el que esté tan acostumbrada a ir
acompañada, que dependa de alguien para poder volver a casa sin estar aterrada.
Estas cosas que
deberían parecernos estúpidas, se han convertido en algo habitual y rutinario.
No tendría que acelerar el paso al volver a casa un sábado por la noche,
tampoco tendría que cambiar mi ruta a calles más transitadas y mucho menos
sentirme amenazada o avergonzada en ningún lugar. Preguntad a cualquier amiga,
prima, conocida,… me apuesto lo que queráis a que al menos 2 de cada 3 se han
puesto nerviosas al volver a casa de noche. Y es que tenemos dos problemas: la
noche y la calle. No hace falta haber sufrido un ataque del tipo que sea
anteriormente para sentirnos así cada vez que volvemos a casa.
“Con ese vestido
normal que se te acerquen, vas provocando”. No. Yo no me visto para provocar,
no elijo mi ropa para el disfrute de los demás.
“¡Normal que le
haya pasado algo a las dos! Iban solas…”. No. Son dos personas, iba una con la
otra, no iban solas.
Podría seguir, de
verdad. Hemos escuchado tanta, tanta, tanta mierda… ¿Y lo peor? Que nos hemos
acostumbrado a ello, lo vemos como algo normal, ¡y no lo es! La sociedad nos ha
educado en el miedo a la violación, el foco está en nosotras, cuando lo que
deberían hacer es educarles a ellos para no violar.
Mientras tanto,
no nos silbéis en las calles, “piropeéis” en las fiestas u os hagáis los locos
apartándonos para pasar en los bares.
… la culpa no es
nuestra.