miércoles, 9 de marzo de 2016

No es culpa tuya

Cualquier noche de cualquier sábado tras cualquier fiesta. “¿Ya te vas?”, “¿vuelves sola a casa?”, “¿quieres que te acompañe?”… “No, da igual”. Despídete, coge el abrigo, el bolso y a la calle. Si el abrigo tiene capucha, póntela. Deja los auriculares en el bolso, súbete la bufanda, agacha la cabeza, acelera el paso, las llaves en el bolsillo izquierdo, el móvil en el derecho. Silbidos en las calles, “piropos” en las fiestas, roces en los bares,… Si quieres llamarme: por mi nombre. Si quieres conocerme: acércate y háblame bien. Si quieres pasar: un “perdona” y las manos por encima de la cintura. Si decido irme a casa sola no es por valentía; no quiero que llegue el día en el que esté tan acostumbrada a ir acompañada, que dependa de alguien para poder volver a casa sin estar aterrada.

Estas cosas que deberían parecernos estúpidas, se han convertido en algo habitual y rutinario. No tendría que acelerar el paso al volver a casa un sábado por la noche, tampoco tendría que cambiar mi ruta a calles más transitadas y mucho menos sentirme amenazada o avergonzada en ningún lugar. Preguntad a cualquier amiga, prima, conocida,… me apuesto lo que queráis a que al menos 2 de cada 3 se han puesto nerviosas al volver a casa de noche. Y es que tenemos dos problemas: la noche y la calle. No hace falta haber sufrido un ataque del tipo que sea anteriormente para sentirnos así cada vez que volvemos a casa.

“Con ese vestido normal que se te acerquen, vas provocando”. No. Yo no me visto para provocar, no elijo mi ropa para el disfrute de los demás.

“¡Normal que le haya pasado algo a las dos! Iban solas…”. No. Son dos personas, iba una con la otra, no iban solas.

Podría seguir, de verdad. Hemos escuchado tanta, tanta, tanta mierda… ¿Y lo peor? Que nos hemos acostumbrado a ello, lo vemos como algo normal, ¡y no lo es! La sociedad nos ha educado en el miedo a la violación, el foco está en nosotras, cuando lo que deberían hacer es educarles a ellos para no violar.

Mientras tanto, no nos silbéis en las calles, “piropeéis” en las fiestas u os hagáis los locos apartándonos para pasar en los bares.


… la culpa no es nuestra.