miércoles, 24 de septiembre de 2014

Gallardón aborta el plan

Aquí va mi aportación política del día. Creo que es importante saber dosificar y no divagar a lo loco, sobre todo de un tema tan... dirty (lo digo en inglés porque siempre suena más elegante) como es la política. O te controlas o acabas de mierda hasta las cejas (eso no fue elegante, pero no me gusta maquillar mucho mis palabras, eso se lo dejo a los grandes cargos políticos de este país).

Estoy contentísima. Muy contenta al saber que finalmente la descabellada y retrógrada propuesta de ley anti-aborto del 'señor' Gallardón (el cual, gracias al Karma, no ejercerá de ministro aunque siga cobrando lo mismo... ; pagas vitalicias, todo un chollo para estos personajitos) ha sido rechazada o eliminada de cualquier borrador político. Y he esperado a dar mi opinión sobre el tema porque me ha gustado ver los diversos comentarios a cerca de ello. Y muchos me han parecido exasperantes y contradictorios, lo que me ha hecho una gracia inmensa. Hay que respetar todo, ¿no? bajo mi punto de vista no hay que respetar todo. Hay que mostrar respeto cuando la otra parte también lo hace, y creo que el imponer una ley como esa lo último que irradia es respeto. Y digo yo, gente... 'pro-vida', si por razones morales, ideológicas o del peso que sean no queréis abortar, ¡no lo hagáis!, pero ¿por qué tenéis que decidir por todas las demás mujeres de este país? ¿Eso es respeto? Porque entonces creo que tenemos una idea diferente sobre dicho término.

Ya vale de imponer tu ideología a base de leyes retrógradas en pleno siglo XXI. Algunos deberían mirar lo que tienen en casa en vez de meterse debajo de las faldas y asuntos personales de las demás.



domingo, 14 de septiembre de 2014

Esta noche olvidé encontrarme

Esta noche olvidé encontrarme y se me quitaron las ganas de seguir buscando. Como el loco deja de buscar la evidencia y se rinde ante la locura, como el soñador ante Morfeo, el enamorado ante la rutina o el creyente ante la verdad.

¿Se puede perder tantísimo el rumbo? Ya lo creo que sí. Pararse frente al espejo, preguntar a la desconocida que te sostiene la mirada justo enfrente, seria e incrédula… ¿quién coño eres? Porque dudo que seas aquella niña sin preocupaciones, ignorante que buscaba ser un poco más feliz al día siguiente. Pero tampoco creo que seas esa mujer estresada, aburrida y preocupada por no defraudar a los demás y no molestar demasiado a los vecinos del tercero. ¿Algo intermedio? ¡No lo sé! Y no quiero saberlo. No quiero ser como aquella flor medio marchita a merced de la dureza del próximo vendaval, pero tampoco quiero ser quien la despoje.

Dejadme. No quiero que nadie espere nada de mí. Ni yo sé  qué cojones esperar de mí misma. Demasiado desafío, no puedo ser tan fuerte. Silencio. Más silencio. Esta noche no sé quién soy. Pregunté a la chica del espejo y tampoco supo qué decirme. Las estrellas se quedaron calladas y la noche enmudeció.

El melancólico seguirá rindiéndose ante Morfeo, el enamorado ante la rutina, el creyente ante la verdad y yo ante la locura.


Porque esta noche olvidé encontrarme y se me quitaron las ganas de seguir luchando buscando.