Esta noche olvidé
encontrarme y se me quitaron las ganas de seguir buscando. Como el loco deja de
buscar la evidencia y se rinde ante la locura, como el soñador ante Morfeo, el
enamorado ante la rutina o el creyente ante la verdad.
¿Se puede perder
tantísimo el rumbo? Ya lo creo que sí. Pararse frente al espejo, preguntar a la
desconocida que te sostiene la mirada justo enfrente, seria e incrédula… ¿quién
coño eres? Porque dudo que seas aquella niña sin preocupaciones, ignorante que
buscaba ser un poco más feliz al día siguiente. Pero tampoco creo que seas esa
mujer estresada, aburrida y preocupada por no defraudar a los demás y no
molestar demasiado a los vecinos del tercero. ¿Algo intermedio? ¡No lo sé! Y no
quiero saberlo. No quiero ser como aquella flor medio marchita a merced de la
dureza del próximo vendaval, pero tampoco quiero ser quien la despoje.
Dejadme. No
quiero que nadie espere nada de mí. Ni yo sé
qué cojones esperar de mí misma. Demasiado desafío, no puedo ser tan
fuerte. Silencio. Más silencio. Esta noche no sé quién soy. Pregunté a la chica
del espejo y tampoco supo qué decirme. Las estrellas se quedaron calladas y la
noche enmudeció.
El melancólico
seguirá rindiéndose ante Morfeo, el enamorado ante la rutina, el creyente ante
la verdad y yo ante la locura.
Porque esta noche
olvidé encontrarme y se me quitaron las ganas de seguir luchando buscando.

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