viernes, 25 de julio de 2014

48 horas

"Una vez fuimos cuerpos que flotaban como el humo despidiéndose de una boca que sostenía un cigarro entre los labios. Y en el aire nos mezclamos. Nos unimos y separamos. Bailamos. Nos miramos a los ojos. Fijamente. Y entonces supe dos cosas: 1. Que estaba perdidamente enamorada de ti, y 2. Que jamás deseé tanto que nadie me encontrase"


Cuarenta y ocho horas han pasado y sigo sin acordarme como eran las noches en las que nos costaba cerrar los ojos por miedo a dormirnos y no poder mirarnos sin pestañeo alguno. Sigo teniendo esas ganas locas de acariciar cada lunar de tu cuerpo después de que mis labios tuvieran una tendida conversación con los tuyos. No puedo nada más que ver esos destellos verdes en tus ojos marrones cuando el sol entraba por nuestra ventana. Nuestra ventana. Perdóname si después de estos meses prefiero la primera persona del plural a un mal uso de la primera en singular. Que el café sin tu compañía no podría ser más amargo y el azúcar no endulza tanto la mañana como lo hacían tus besos. No puedo negar que estos días están siendo lo más agradable del mundo, pero eh, muchos días así hacen falta para que prefiera rendirme, a soñar una vez más con tus buenos días, con tus guiños, tus caritas frente al espejo, tu mano intentando llegar tímidamente desde el antebrazo a la mano cuando caminábamos por la calle,... me niego a no soñar una vez más contigo. Porque eres mi más dulce locura, y dicen que la locura es una cualidad que sólo los locos tenemos el placer de disfrutar. 

Cuarenta y ocho horas han pasado y sigo sin querer acordarme de ninguna escusa. No la necesito. 

Te quiero, mor. 


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