Un 28 de
septiembre con unos 60 kilos de equipaje me embarcaba rumbo a la conocida “experiencia
ERASMUS”. Estamos a 31 de octubre y todavía se me hace rara la idea de estar a
unos 2000 y pico kilómetros de casa. No quiere decir que me vaya mal por aquí
(de hecho, todo lo contrario) pero creo que aún no soy consciente de todo lo
que me rodea.
Los papeles del
segundo cajón de la mesita cuentan que me llamo María Díaz Santos, empadronada
en la ciudad de Germersheim (Renania del Palatinado, Alemania), actualmente
viviendo en Wasgaustr***, con teléfono +49 1793******, matriculada en la
universidad de traducción e interpretación con más prestigio del país (o eso no
paran de decir), más conocida como Johannes Gutenberg-Universität Mainz,… pero, ¿de verdad?
Cierro el cajón y
me quedo mirando el resto de la habitación, llena de fotos, regalos, recuerdos,…
personas. Gente que está a unos 2000 y pico kilómetros de mí físicamente, pero
a mi lado en menos de 20 metros cuadrados.
¡Que os echo de
menos! Sé que solo es el primer mes y que me quedan 9 más, pero no podía dejar
correr más tiempo sin decir que: me llamo María Díaz Santos, soy de Villanueva
de Alcardete (Toledo, España),… y que adoro a los míos.
Nunca había hecho
una crítica de cine antes, pero tras ver el truñaco calibre 45 que me acaban de
meter doblado, sin vaselina y sin amor ninguno, mi deber es advertiros. Y como
soy una bellísima persona, voy a haceros un resumen de la película para así
evitar que cualquier kamikaze vea tal basura cinematográfica.
No, el filme en
cuestión no se titula “Tú a un foso y yo a un ataúd” (ya entenderéis el por qué
la llamo así), sino I know who killed me (Sé quién me mató). Y vamos al meollo:
I know who killed
me es una película del año 2007 dirigida por Chris Sivertson y protagonizada
por Lindsay Lohan (que conste que yo no tengo nada en contra de esta chavala, ahora,
gusto a la hora de elegir trabajo: escaso).
Argumento:
Aubrey, una joven estudiante, es secuestrada y torturada por un sádico asesino
en serie. Cuando consigue escapar, encuentran a la traumatizada muchacha (mutilada, por
cierto) tirada en un foso, recobra el conocimiento en un hospital e insiste en que ella no es
quien piensan que es: ella se llama Dakota y la verdadera Aubrey sigue en
peligro de muerte.
Hasta ahí todo
bien, suena hasta interesante, ¿verdad? Bien: SPOILER ALERT.
Al parecer, la
chica que encuentran en un foso tirada realmente es Dakota, hermana gemela de
Aubrey, que fueron separadas al nacer con el conocimiento del padre de esta
última. Dakota, por medio de búsquedas en Internet se da cuenta de que Aubrey
es su hermana gemela y que ella perdió la mano y el pie como Aubrey porque
padecen algo llamado “Estigma” (al ser hermanas gemelas ambas sufren los mismos
daños que la otra). Después de diversos giros argumentales unidos a unas tomas
de imagen difuminadas y descoloridas (intento de dar un efecto psíquico, es
estúpido y pierde al espectador con voces en off continuas) el padre de las gemelas y la misma Aubrey descubren NO SE CÓMO quién es el asesino y van
DIRECTOS a donde el señor en cuestión practica su macabro hobby (: mutilar).
Dakota se convierte de repente en una imitación baratita de Xena la Princesa
Guerrera, mata al tarado psicótico (el cuál después de clavarle un cristal azul
en el cuello, está como 8-9 segundos andando despacito por la sala, dándose un
paseíto, yo que sé…) y va en busca de su hermana gemela que está enterrada en
algún sitio del inmenso bosque que les rodea, pero cuidao’, que ella va directa
porque por otra extraña razón sabe exactamente dónde está enterrada (bueno, al
principio está un poco perdida pero luego oye a un búho ulular y empieza a
cavar debajo de donde está el puto búho). Después de desenterrarla, la película
acaba con la imagen de las dos hermanas tiradas en el suelo sonriendo como
imbéciles y acurrucadas como para echarse una siestecita.
… ya está. El
argumento puede llamarte la atención (coño, tienes chicha, dale caña), pero
creedme, aunque os entre un mínimo de curiosidad al ver el tráiler de esta
basura, no caigáis, vais a perder 1 hora y 42 minutos de vuestras vidas.
Yo lo hice, caí,
y ahora sé apreciar un poco más esta industria, ahora soy más cautelosa al elegir, ahora…
¿Por qué lo dices?, ¿porque crees que me conoces o porque sabes que me
conoces? Porque sintiéndolo en el alma, dudo mucho que sepas que mi sabor
favorito es el de yogur, que muchas de mis ciudades favoritas se encuentran en
los libros de arte, que me gusta mi pelo alborotado y los ojos negros cuando me
acabo de levantar, tomar helado en invierno, y que los días de mucho calor me
tiren a una fuente, que odio las películas leeeeentas de ver pero que me
encantan las partes de amor en las novelas.
Aunque tú eso no lo sepas.
Seguramente tampoco tengas ni idea de que odio la gente prepotente, cerrada
de mente y sin sentido del humor. Que tampoco tengo mucho cariño a las caries
andantes que van divagando sobre ti solamente conociendo tu nombre y apellidos.
Que no me gusta el morado para vestir y soy mucho más de salado que de dulce.
Tampoco supondrás que me encanta leer y que prefiero los pubs a las discotecas.
Aunque tú eso no lo sepas.
¿Y si te digo que me gusta el fútbol? Que soy seguidora del Real Madrid
desde que tengo uso de razón, defensora de la sanidad y escuela pública, que no
concibo la vida sin música y que mi película favorita de Disney es "Peter Pan".
Que soy una persona soñadora, cabezota, algo rencorosa, muy pasional y sí, un poco
ignorante.
Aunque tú eso no lo sepas.
Ni por asomo sabes que me gusta vestir con lo que más cómoda esté y mejor
me vea sin importarme lo más mínimo la moda, que mi lunar favorito de mi cuerpo
está debajo de mis labios y que odio enérgicamente la cebolla en el arroz.
Porque ni de lejos sabes que sueño todas las noches lo que yo quiera soñar, y
que antes de dormirme me propongo durante un segundo pensar en otra cosa que no
seas tú y ¡dios! qué segundo más malo.
Aunque tú eso no lo sepas.
Vuelves a no saber que me encanta escuchar canciones una y otra vez, hasta
que me las sepa de memoria y hasta que las aborrezca. Y es que no te das
cuenta, de que puedo decir muchas cosas, que soy de boquilla pero luego me
cuesta dar el paso para estar más cerca de tus labios, que me da pavor cuando
empiezo a sentir cosas otra vez. No tienes ni idea de que no te quito ojo, que
me preocupo si te veo mal, que me pongo contenta si me sonríes, y que cuando
hablo contigo me pongo enferma, sudo frío y el pulso se me va como loco a
cien...
Y es que, no me conoces, pero eres la única persona del mundo que más me conoce y
la única que quiero que me conozca…
¿Conocéis la impotencia? Según el Diccionario de la
Real Academia de la Lengua, se conoce «impotencia» como «[…] falta de poder
para hacer algo.», pero a mí me gusta más describirla como esa angustiosa y
pesarosa (como ella sola) sensación de los cojones que te altera y
descoloca –al mismo tiempo– todo por dentro para dejar paso a la ira, el enfado,
y, por qué no, a la tristeza.
Puedes
experimentar esta sensación en multitud de ocasiones: cuando escuchas
comentarios de caries andantes sobre tu persona, cuando ves a un amig@ pasarlo
mal por culpa de la influencia de otra persona, o, por qué no, cuando ves que algo puede salir
perfectamente bien pero no lo hace. Una vez aparecido dicho sentimiento, te
bloqueas, te enfadas contigo mismo y te preguntas qué es lo que estás haciendo
mal y qué es lo que podrías hacer para enmendarlo.
Anoche, sin ir
más lejos, me di cuenta de que laslágrimas
no sabían a tristeza, sino a impotencia. Pasé por todas y cada una de las
fases: desconcierto, tristeza, enfado, tristeza (estas últimas tres fases
pueden estar intercaladas a la inversa), bloqueo y solución. Desconcierto cuando me di cuenta de que a
pesar de todo el cariño, había algo que fallaba; tristeza al no saber cuál era el problema para que aquello no
saliera para delante; enfado porque no entiendes cómo puede
llegar a ser tan injusta la situación; tristeza
de nuevo al no encontrar solución alguna; bloqueo
al no saber cómo reaccionar, qué decir, cómo actuar, cómo querer; y solución, cuando te das cuenta que esa
única “solución” a tu problema es peor que el propio problema: tiempo. Poner tierra de por medio
(nunca mejor dicho, 692 kilómetros de excusas rancias y promesas de humo) y
hacer que el tiempo decida es la peor solución que he recibido. Pero cuando
sabes que tristemente es la única, te aferras a la esperanza de que ese «tiempo»
tenga fecha de caducidad y todo por lo que has pasado tenga su ansiada recompensa.
¿Y conocéis la impotencia de ver a dos personas cuyos
sentimientos son totalmente recíprocos pero a pesar de ello no pueden llegar a
ningún puerto debido a una distancia abismal? Esta impotencia quizá la conozca
un poco más. Anoche, sin ir más lejos, me
di cuenta de que las lágrimas…
Hay quien tiene
la manía de cerrar cada puerta que abre, sin entornarlas, sin que deje entrever
ni un rayo de luz por mínimo que sea. Puede que no sea tan mala manía después
de todo…
Juegas, apuestas
con miedo, tocas el cielo con la punta de los dedos y caes, pierdes. Después
llega alguien que te da los buenos días con la boca cerrada, la mirada abierta
y la sonrisa curvada. Pero tú recuerdas el último juego en el que apostaste hasta
el último de tus mejores besos y perdiste todo. Entonces te cierras, no dejas
que el nuevo postor te ayude a jugar bien las cartas, no quieres sus estrategias
por si vuelven a estar gafadas con otro truco viejo. Estás muerta de miedo y no
quieres caer otra vez, no quieres ilusionarte con más partidas y, a partir de
ese momento, el “y si…” se queda a dormir todas las noches.
¿Sabéis qué? Que
una, dos, tres e incluso una decena de personas no supieran entender tu juego,
quererlo y quedarse con él, no significa que los que le sucedan vayan a
ignorar tal premio. Que once, doce, trece e incluso una veintena de personas te
defraudasen y te hicieran daño no significa que todos los que le sucedan vayan
a machacarte.
Si por cada
intento para que algo funcionase me dieran un euro, sería la persona más rica
del mundo. Pero no lo soy, lo que me han dado han sido lecciones, lecciones que
hoy siguen teniendo un sabor un tanto amargo, pero sigo apostando por la
dulzura de nuevas miradas,… puertas.
“Que el temor a
fallar no te impida jugar”, cierra las puertas que no te han traído más que
quebraderos de cabeza y abre las que tengan nuevas oportunidades. Dobla la
esquina si quieres, pero pasa página. Puede que pierdas otra vez, pero yo
prefiero la manía de apartar lo tóxico y abrazar lo inesperado.
Yo prefiero que
el “y si…” de los cojones no se quede a dormir todas las noches.
"Y es que hoy hace un día precioso. Precioso de dejarse querer y no poner excusas. Un día para olvidarse de las cosas tristes y de aquellas que nunca sucedieron. Un día precioso, en el que parece que todos los problemas no tienen importancia, si al menos una vez a la semana brilla el sol en el cielo como si fuese una gran sonrisa. Es un día de esos de abrazarse a uno mismo. De querer ir, llegar tarde, disfrutar del camino.
Un día precioso... porque alguien volvió a robarme abril."
Hoy es uno de esos días señalados en rojo en el calendario. 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Puede parecer algo contradictorio
escribir sobre ello dado que no estoy para nada a favor de las fechas que nos
recuerden lo importante que es algo. Lo importante no necesita un día para ser
celebrado, se festeja siempre, sin escusas seguidas de números separados por
barras. Pero este post necesita ser escrito, para que muchos recuerden lo que
parece haberse olvidado.
«ElDía Internacional de la Mujer Trabajadora o Día Internacional de la Mujerconmemora la lucha de lamujerpor suparticipación, en pie deigualdad con el hombre, en
la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona. Se celebra el día8 de marzo. Es fiesta nacional en algunos países.» (Wikipedia, la enciclopedia libre)
Desde Lisístrata de la antigua
Grecia, Hipatia de Alejandría, Flora Tristán, pasando por Corinne BrownyGertrude Breslau-Hunt, Clara Lemlich, sin olvidar a Clara
Zetkin, Rosa Luxemburgo,Aleksandra Kolontái, Nadezhda KrúpskayaeInessa Armand. No sin pasar por alto a Alexandra
Kollontai y a Clara Campoamor. Obviamente me dejo a muchísimas, pero creo que
os vais haciendo una idea por donde voy, ¿verdad? Todas estas mujeres no se
dejaron la piel para que permanezcamos pasivas y calladas —que a más de un
retrógrada le gustaría— ante diversas ataduras sociales. Hoy es un día para
recordar a todas ellas y a las que no son nombradas, para no dejar a un lado
todo por lo que un día lucharon. Pero no solo hoy; hoy, mañana y siempre.
Me entristece ver como algunos desechos sociales en pleno siglo XXI siguen
con sus actos y frases ‘machistas’ anclados en el pasado, intentando volver a él
a través de propuestas de ley retrógradas y abusivas en vez de aceptar que, sin una mujer en su vida, permítanme resaltarlo: no. son. nadie. ¡Y cuidado! No
hablo de su novia, mujer o amante. Hablo de las mujeres de nuestras vidas:
madres, tías, abuelas,...
Así que, ya que hoy se proponen resaltar la figura femenina: queredlas,
amadlas, RESPETADLAS, escuchadlas, comprendedlas… hacedlas feliz...
...pero no solo los días señalados en rojo en el calendario, sino siempre.
¿Por qué
intentamos avanzar mirando de reojo lo que pudo ser?
Intento bailar
bajo las sonrisas o, en su defecto, sonreír bajo la lluvia. Cualquiera de las
dos opciones es tan válida como seguir avanzando. Debo recordar en qué escalón
de mi olvido estoy porque no quiero volver a tropezar con tu mirada y darme de
bruces contra los recuerdos de tus besos. Si tengo noches así es porque,
gracias al Karma, los días los paso con alguien que intenta robarme abril. Pero
si se queda en la primera quincena, y no se quiere volver a quedar a dormir las
demás noches, espero que no sea porque me sigo acordando de qué paraíso era tu
boca la entrada.
El corazón... es
un alumno limitado que nunca aprende.
Era una alumna
ejemplar. Era alguien ignorante. ¡Bendita ignorancia la mía! Solo te conocía
por películas teñidas de estribillos pegadizos, colores de amor y sonrisas
pastel. Ahora que he probado el amargor del suspenso, me cuesta centrarme en
nuevas asignaturas. Ya tengo otra más para septiembre…
El corazón… siempre la misma asignatura para septiembre.
He de admitir que siempre me ha llamado la atención la política, pero
curiosamente, cada vez que abro la boca para referirme a ella, se me llena de excrementos
colganderos y malolientes (elegante, ¿verdad?). Antes de meterme en la idea o
cuestión principal, veamos la definición de ‘política’.
La política (del latínpoliticusy ésta del griego antiguo πολιτικός 'civil, relativo al ordenamiento de la
ciudad o los asuntos del ciudadano') es una rama de la moral que se ocupa de la
actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por mujeres y
hombres libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva.
Es un quehacer ordenado al bien común. Ciencia que se encarga del estudio del
poder público o del Estado. Algunos autores presentan al uso legítimo de la
fuerza como la característica principal de la política. Siguiendo con esta
definición, la política es el ejercicio del poder que busca un fin
trascendente. Ésta promueve la participación ciudadana ya que posee la
capacidad de distribuir y ejecutar el poder según sea necesario para promover
el bien común. (Wikipedia, la
enciclopedia libre. Última modificación: 23 de enero de 2015).
¿Sorprendidos? Yo también, no aparece
nada de “corrupción” y “mentiras”, pero tengamos algo muy claro: el término
política lo han ensuciado los de arriba con sus actos y sus desplantes a la
democracia. Es un tema que puede gustar más o menos, pero señores, un poco de ‘culturilla
general’, que el saber no ocupa lugar alguno. Así pues, veo necesario que leáis
la definición y prestéis atención a las palabras resaltadas en negrita (que
parece que están desapareciendo de más de un borrador político).
¿Que de qué voy a hablar explícitamente?
PODEMOS.
¿Por qué?… Porque quiero, ¿quién no lo
hace?
Bien, en primer lugar, dejar claro que
NO HAY NINGÚN PARTIDO POLÍTICO QUE ME REPRESENTE AL 100%, no sé a quién votaré
en las próximas elecciones (si es que lo hago, tampoco es algo que le deba
importar a nadie), aunque tengo muy claro a quién NO voy a regalarle el voto. Y
veo necesario aclararlo para que después de leer este ‘post’, no haya nadie que
me relacione ni con éste, ni con ningún otro partido. Me gusta la política, me
gusta hablar de ella, pero es necesario documentarse sobre un tema para juzgar
deliberadamente (que criticar sabemos todos).
En segundo lugar y metiéndonos ya en el ‘meollo’
de la situación. Me parece, absolutamente desorbitado el aluvión de críticas
que le están llegando a este partido. Me pregunto dónde estabais aquellos
ciudadanos no conformistas, con vuestras críticas hiper constructivas estos
últimos… qué os voy a decir, ¿20 años? Sí, pasando por las legislaturas de los
señores Aznar, Zapatero y Rajoy (actual presidente, tristemente). Con esto no
quiero decir que no se critique al partido “del coletas”, sino que parece que
se está desviando bastante la atención a los que realmente han tenido la
oportunidad de hacer algo por y para los ciudadanos que los han llevado hasta
la cima; los que pudieron prometer, prometieron, pero no cumplieron. Es una
nueva alternativa, puede gustar más o menos (ahí no me meto, cada uno con sus
ideologías), ¡y claro que puedes criticarlos! la ‘casta’ política siempre ha
sido un blanco bastante rentable, tampoco hace falta preguntarnos por qué…
Y ahora, centrándome en el título de esta
entrada: “Don Pantuflo”. Don Pantuflo fue el apelativo que le impuso Pablo
Iglesias (líder de Podemos) a Eduardo Inda (director del diario El Mundo) en La
Sexta Noche. Antes de que me impongáis adjetivos tales como “hipócrita”, “anti-sistema”,
“roja, de mierda”, etc. SÍ. Fue una falta de respeto por parte de Iglesias, no
lo voy a negar, ni voy a poner alfombra roja y tirar flores cada vez que habla
en alguna tertulia de la televisión (me reitero, no hay ningún partido político
que me represente al 100%). Vale, ahora hablemos de faltas de respeto. ¿Sólo caricaturizar
a un señor (que para mí es lo más odioso del mundo, siendo honestos) es una falta
de respeto? Desde hace ya mucho tiempo he ampliado el cerco de ‘faltas de
respeto’. Difamar, acusar, engañar, robar, tergiversar,… ¿no son faltas de
respeto, también? Es lo que llevan haciendo los de las pagas vitalicias,
sobrecitos, dinero en B, tramas varias, recortes en sanidad y educación
pública, etc., ESO son faltas de respeto que llevan haciendo desde hace mucho,
mucho tiempo. Jugar con la palabra, engañar a la gente que te ha ayudado a
alcanzar la cima para que luego los anules y juegues a ser Dios con el dinero
de todos, imponiendo leyes retrógradas en pleno siglo XXI sin consensuarlas si
quiera… pues no, no se me antoja muy respetuoso.
Solo he dado mi opinión, estaréis de
acuerdo o no, es totalmente discutible y respetable. Pero no os olvidéis de
gracias a quienes estamos como estamos.
Y porque, sinceramente, si me hubiera
tenido que dirigir a Inda, Don Pantuflo es lo más elegante que se me hubiera
ocurrido.
P.D.: Y para finiquitar esta entrada, os dejo una chirigota gaditana de hace un par de años sobre la "Educación pública".