lunes, 7 de abril de 2014

Oye...

"Oye, que estamos en primavera y aún no te he dicho que te quiero toda la vida. Que vas a volver a robarme abril, tarde o temprano. Y es que hoy hace un día precioso. Precioso de dejarse querer y no poner excusas. Un día para olvidarse de las cosas tristes y de aquellas que nunca sucedieron. Un día precioso, en el que parece que todos los problemas no tienen importancia, si al menos una vez a la semana brilla el sol en el cielo como si fuese una gran sonrisa. Es un día de esos de abrazarse a uno mismo. De querer ir, llegar tarde, disfrutar del camino. Un día precioso, como debe de ser sentirse libre para siempre".

Sin intención de creer en lo que no existe, sin querer soñar más de lo que la almohada me deje... Qué estupidez. Siempre creí en lo inimaginable, soñé lo que no debí soñar. Me gusta pensar que un 6 saludé a alguien que me rompería todos los esquemas y que a partir de hoy, día 6 también, empezaré a saludarle con la comisura igual de curvada, pero con menos brillo en los ojos. Pero me siento extrañamente bien, a pesar de estar en mitad de la oscuridad porque alguien olvidó encender la esperanza. Bailando por la vida. Pisándome los pies. Ensayando sonrisas a espaldas de la tristeza. Así que supongo que es normal que me siente a ver llover el tiempo tras la ventana deseando calarme hasta los huesos, porque a pesar de la brevedad, hay algo que necesita un poco tiempo. Tiempo para dejar de ver promesas desmontadas en cada mirada intencionada. 

No puedo por más que agradecerte el que despertaras algo que creí dormido. Y no te preocupes, acabarás enamorándote de la forma de escribir de alguna otra persona que no te quiera menos aunque sea lunes. 

Pero oye, que seguimos estando en primavera, y aún no me he dicho que me quiero toda la vida, y que alguien volverá a robarme abril, tarde o temprano. 







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